La curiosidad mató al gato, y mientras yo me imagino dando vueltas por tu ombligo, tú te conviertes en gato; y yo me obsesiono contigo, y mientras tú conmigo. Luego te vuelves caballero por momentos, intentando escapar de mis ojos, y lo niegas. Pero también esperas de nuevo el momento, el momento en el que te susurre al oído "esta noche, quédate". Y te quedes. Y otra vez, si tú dices venga, yo digo vale.
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